México cerró 2025 con 60,297 toneladas de miel, un máximo histórico que lo coloca en el décimo lugar mundial. Pero el mismo país que celebra ese récord ha perdido más de 300 mil colonias de abejas en la última década por plaguicidas, y julio de 2026 abrió una nueva línea de investigación científica para documentar por qué.
Un récord con 47 mil productores detrás
La producción nacional de miel cerró 2025 en 60,297 toneladas, un incremento de 5% frente a las 57,430 toneladas de 2024, según datos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) difundidos en el Día Mundial de las Abejas. La cifra representa un avance de casi 6 mil toneladas en cinco años, partiendo de 54,122 toneladas en 2020, de acuerdo con el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, y coloca a México en el décimo lugar mundial de producción, entre 115 países, con más de 47 mil apicultoras y apicultores en todo el territorio nacional. El Atlas Nacional de las Abejas y Derivados Apícolas del INEGI documenta 45 tipos de abejas productoras de miel en el país, más allá de la conocida Apis mellifera, y la cadena apícola no se limita a la miel: también genera polen, jalea real, propóleo, veneno de aguijón y cera, insumos que abastecen a las industrias alimentaria, cosmética y ecológica.
En comercio exterior, Yucatán concentra el liderazgo nacional de exportación, con 22.2 millones de dólares en 2024, seguido de Ciudad de México, Estado de México, Campeche y Nuevo León; Alemania, Estados Unidos, Reino Unido, Arabia Saudita y Suiza son los principales destinos. La SADER impulsa, a través de las Escuelas de Campo, prácticas agroecológicas y monitoreo preventivo de plagas y enfermedades, y sostiene junto con la Agencia Alemana de Cooperación al Desarrollo (GIZ) el proyecto POLILAC, orientado a fomentar la coexistencia entre agricultura y apicultura mediante el buen uso de plaguicidas, con oficinas en Chiapas y Quintana Roo ya operando medidas piloto para reducir intoxicaciones.
La otra cifra: 300 mil colonias muertas en una década
Mientras la producción crece, la salud de las colonias sigue siendo motivo de alarma. Investigadores de El Colegio de la Frontera Sur y la Alianza Maya por las Abejas Kabnalo’on estiman que, a nivel nacional, se han perdido más de 301 mil colonias de abejas en los últimos diez años por efecto de plaguicidas, una cifra que los propios investigadores reconocen como conservadora, ya que no existe un censo oficial de estas pérdidas. En un proyecto de mapeo de agroquímicos en más de 15 municipios de la Península de Yucatán, la región con mayor número de apicultores del país, más de 13 mil familias mayas dedicadas a la actividad, se detectó el uso de al menos 75 plaguicidas distintos, de los cuales 27 están clasificados como muy tóxicos para las abejas. Los ingredientes más frecuentemente encontrados en abejas intoxicadas son el fipronil y los insecticidas neonicotinoides, prohibidos en la Unión Europea precisamente por su toxicidad hacia los polinizadores.
El episodio más grave documentado ocurrió en marzo de 2023 en los ejidos de Suc-Tuc y Crucero Oxa, en los municipios de Hopelchén y Campeche, donde más de ochenta apicultores perdieron en conjunto más de 3,300 colonias por intoxicación con plaguicidas; a inicios de 2024 se repitió un evento similar en la misma zona, con casi 800 colmenas perdidas. Ninguno de los dos casos ha derivado en indemnización a los productores afectados.

El 18 de julio de 2026, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) y el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (CIATEJ) anunciaron el fortalecimiento de una línea de investigación conjunta sobre mortandad de abejas por plaguicidas. El investigador del CIATEJ, Octavio Gaspar Ramírez, explicó que desde hace más de una década se identificó el impacto de ciertos agroquímicos sobre las poblaciones de abejas en México, pero las instituciones carecían de herramientas científicas y mecanismos de actuación para documentar las causas y respaldar a los apicultores afectados.
Ese trabajo dio origen al Protocolo de acción ante mortandades de abejas por plaguicidas, diseñado junto con el sector apícola, que hoy sirve para documentar casos pero que, advirtió Gaspar Ramírez, «aún no ha sido institucionalizado» formalmente por las dependencias federales de los sectores ambiental, agrícola y de salud. San Luis Potosí, recordó, perdió cerca de 22 mil colmenas en 2018 por fumigaciones agrícolas con neonicotinoides, y muchos casos posteriores han quedado sin documentar por la limitada respuesta institucional. «Si continuamos permitiendo que las abejas sigan muriendo, las consecuencias ambientales, sociales y económicas serán cada vez más severas», advirtió el investigador.
La certificación orgánica como respuesta desde las cooperativas
Frente a ese panorama, algunas organizaciones apícolas están apostando por la certificación orgánica como estrategia de largo plazo. En Huejutla, Hidalgo, la Sociedad Cooperativa del Corporativo Apícola APINORH inició en julio de 2026 un proyecto de miel orgánica en conjunto con productores del municipio de San Felipe, con acompañamiento técnico de CERTIMEX, organismo especializado en certificación de productos orgánicos. «Estamos iniciando este proyecto con la confianza de que traerá beneficios para todo nuestro gremio, queremos producir una miel de alta calidad que permita posicionar a Huejutla como una región productora de miel orgánica con reconocimiento nacional e internacional», explicó Ismael Marcos Julián, presidente de APINORH, quien detalló que el proyecto está abierto a cualquier apicultor de la región dispuesto a integrarse como socio.
La certificación orgánica no es, sin embargo, una garantía permanente: en 2022, un grupo de apicultores de Yucatán perdió su certificación de miel orgánica después de que se establecieran granjas porcícolas a menos de 7 kilómetros de sus apiarios certificados, un recordatorio de que la producción libre de agroquímicos depende tanto de las prácticas del propio apicultor como del uso del suelo en kilómetros a la redonda: las abejas pueden volar hasta 2 kilómetros o más en busca de polen y néctar, exponiéndose a lo que se aplique en decenas de parcelas vecinas.
El reto que enfrenta el sector, entonces, no es solo mantener el ritmo de crecimiento que llevó a México al décimo lugar mundial, sino resolver la tensión de fondo: mientras el país no cuente con un mecanismo institucionalizado para prevenir y sancionar las intoxicaciones masivas por plaguicidas, cada nueva cifra récord de producción convivirá con el riesgo de que la próxima temporada de fumigación borre, de un solo golpe, el trabajo de años de un apiario.
Con información de SADER, INEGI, SIAP, El Colegio de la Frontera Sur, UASLP-CIATEJ y Zunoticia Hidalgo. Redacción de Cultura Orgánica, agosto de 2026.


























