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19 de noviembre del 2017
Manejo agronómico de berries orgánicos en Chile (Primera parte)
Autor:
Sigrid Vargas S. Cecilia Céspedes L.


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Los berries son frutos del bosque adaptados a la producción agrícola, y responden muy bien al manejo orgánico, especialmente a los aportes de compost e incorporación de abonos verdes como fuente de materia orgánica al suelo (FIA, FiBL, y AAOCH, 2006).

Los berries que presentan mayor superficie en Chile son el arándano y la frambuesa, los que se encuentran distribuidos entre las Regiones de Coquimbo y de Los Lagos, les sigue la frutilla con una distribución mayoritariamente localizada en zonas costeras desde la Región de Coquimbo a la de Los Lagos. En menor escala existen otros berries, como las moras híbridas, zarzaparrilla y la murtilla con desarrollo en la zona centro sur de Chile y el goldenberry principalmente en la zona centro norte.

El manejo orgánico se inicia con la elección del terreno donde se establecerá el cultivo, siendo relevante la historia del manejo agronómico del sitio, fertilidad, plagas, enfermedades y malezas predominantes. Es fundamental realizar labores preventivas que ayuden a evitar problemas difíciles de solucionar, ya sea por su costo o bien por aspectos técnicos. Además, es de extrema importancia considerar que el agua de riego esté disponible en cantidad suficiente sin favorecer la diseminación de semillas de malezas (Pedreros et al., 2011).

La preparación del suelo para la plantación debe considerar el establecimiento de un abono verde previo a la plantación (Figura 1), el que junto con disminuir el crecimiento de malezas permite incorporar materia orgánica de rápida mineralización para la primera etapa del cultivo. Cuando el cultivo antecesor es una pradera, es esencial la completa descomposición de todo el material vegetal que componía la pradera, y realizar un monitoreo en busca de larvas de insectos que pudieran transformarse en potenciales plagas.

La preparación del suelo debe considerar, idealmente, un subsolado para romper estratas impermeables en el perfil del suelo, labor que debiera realizarse durante el otoño anterior a la plantación cuando el suelo se encuentra más seco, lo que permite la fracturación óptima de las estratas subsuperficiales. Cuando existe una pradera es importante invertir el suelo con arado de vertedera a 30-35 cm de profundidad, con el fin de enterrar todas las malezas y no permitir la germinación de los propágulos viables. Posteriormente se recomienda realizar un rastraje para destruir los terrones, luego de lo cual se debe tomar una muestra compuesta de suelo que refleje las condiciones donde las plantas se van a establecer, para determinar posibles deficiencias nutricionales y la presencia de larvas de insectos que puedan causar problemas a la plantación. De esta forma es posible realizar un manejo preventivo, corrigiendo las deficiencias con otros insumos, además del compost, e incorporar al camellón los productos permitidos para prevenir problemas sanitarios. Finalmente, después de marcar las hileras se procede a acamellonar.

El establecimiento de los berries se realiza sobre camellones, ya que permite aumentar la profundidad explorable de las raíces y la aireación del suelo, lo que mejora el drenaje y evita un ambiente propicio para el desarrollo de enfermedades radicales. El ancho habitual de los camellones es de 40 a 50 cm y su altura de 25 a 30 cm bajo buenas condiciones.

En suelos arcillosos y con problema de drenaje se recomienda hacer los camellones más altos, mezclando el suelo con residuos orgánicos, como aserrín o cascarilla de arroz, alcanzando alturas de hasta de 50 cm, evitando problemas de asfixia radical por una mayor aireación en la zona de las raíces, evitando anegamientos y el desarrollo de pudriciones radicales. Para un mejor resultado de la plantación es recomendable, al momento de construir el camellón, incorporar a lo largo y centralmente los insumos para el manejo de la fertilidad integral del suelo, es decir el compost junto con el resto de los insumos de acuerdo al requerimiento de la especie y a los resultados del análisis químico (Figura 2).
Es fundamental la incorporación de abono orgánico compuesto o compost, ya que siendo materia orgánica estabilizada, fomenta la actividad biológica en el suelo, mejora las características físicas del mismo y permite disponer de mayor cantidad de nutrientes para el cultivo. Además, al momento de sacar las plantas de la bolsa, se recomienda sumergir la raíz en una solución de hongos entomopatógenos (HEP)1, los cuales controlan la proliferación de potenciales plagas en el suelo, especialmente los gusanos blancos que corresponden a las larvas de pololos, cabritos, burritos, gorgojos y capachitos (Cisterna y France, 2009), siempre que el muestreo previo indique que es necesario o si existen antecedentes de predios vecinos sobre determinadas plagas que eventualmente se pueden mover a la nueva plantación.

Siempre es recomendable establecer las plantas orientadas norte-sur, para incrementar ventilación y aprovechar la luz solar, evitando el sombreamiento de las hileras cuando las plantas son adultas. La distancia de plantación más utilizada es de 3 m entre hileras, pero puede variar según la especie y el tipo de conducción, al igual que la distancia sobre la hilera (Cuadro 1).

Cuadro 1.
Distancia de plantación sobre la hilera
para diferentes berries
Especie
Distancia sobre hilera (m)
Frambuesa
0.33 - 0.6
Moras híbridas
1 - 2.7
Zarzaparrilla y grosella
0.3 - 1.3
Arándanos
1 - 1.5
Fuente: FIA, FBIL y AAOCH, 2006

Terminada la construcción de los camellones se debe instalar el sistema de riego (Figura 3). Se recomienda riego por goteo ya que permite una mayor eficiencia de uso del agua y mayor homogeneidad en todo el paño. Para su instalación se usan cintas o cañerías de polipropileno, según sea la preferencia del agricultor, de acuerdo a costo y duración. Es recomendable consultar a un experto para asegurar que el caudal permita regar todo sector en forma homogénea y con la frecuencia necesaria.
El primer riego se debe hacer durante un periodo prolongado, para mojar el camellón antes de la plantación, lo que además permite probar el correcto funcionamiento del sistema instalado. En situaciones que no sea posible instalar un sistema de riego tecnificado, se deben hacer dos surcos, uno por cada lado del camellón, con el fin de permitir que el agua llegue a las raíces de las plantas en forma homogénea. Si se instala mulch plástico o malla antihierba para el control de malezas, se debe marcar el lugar donde se ubicará cada planta y luego perforar con un círculo de metal caliente, con el fin de evitar que dicha malla o plástico se rasgue posteriormente. El mulch vegetal se coloca después de la plantación cuando la planta ya está bien establecida.
La plantación (Figura 4) se debe realizar teniendo extrema precaución de asegurar la homogeneidad del sustrato donde se van a establecer las plantas, de lo contrario se produce un cambio en el punto donde terminan los insumos y comienza el suelo, lo que provoca problemas con el riego. Lo mismo ocurre cuando no se sueltan las raíces que vienen en bolsa desde el vivero; al ubicar la planta en el hoyo de plantación se deben ordenar las raíces para que tengan la posibilidad de crecer en todas direcciones. También es recomendable para prevenir ataques de larvas del suelo, antes de plantar dar un baño a la raíz con una solución de hongos entomopatógenos mixta, esto quiere decir con una mezcla de diferentes cepas de hongos para el control de posibles larvas del suelo que pudiesen sobrevivir al manejo realizado en la preparación del suelo y que podrían dañar la planta que se está estableciendo.

La fecha de la plantación es variable en los berries, depende de la latitud en que se realice. En la zona centro-sur se establecen tradicionalmente durante la primavera; sin embargo, para las plantaciones de arándanos más al norte el periodo es más extenso debido a las condiciones climáticas más favorables durante el invierno.
El manejo de fertilidad de suelo se inicia antes del establecimiento del cultivo, como se mencionó, con el establecimiento de un abono verde que se siembra en otoño y se incorpora a inicios de primavera, permitiendo disponer de nutrientes para el cultivo recién establecido e incorporar materia orgánica para mejorar la calidad integral del suelo2 a través de la mineralización de la fitomasa incorporada.
Dentro de las especies utilizadas como abonos verdes se recomienda incluir una leguminosa, ya que aportan mayor cantidad de este nutriente para el crecimiento vegetal por su relación simbiótica con bacterias fijadoras de nitrógeno del género Rhizobium. La mezcla más utilizada es avena con vicia (Figura 1), ya que el crecimiento de la avena aporta gran cantidad de fitomasa y su sistema radical extensivo mejora la agregación de las partículas del suelo, mientras que la vicia como leguminosa establece una relación simbiótica con Rhizobium, y además es una especie muy rústica que se adapta a gran variedad de ambientes y crece rápidamente, logrando una importante fitomasa.

Sin embargo, existen otras alternativas para establecer abonos verdes también con buenos resultados, como por ejemplo arvejas, habas, lupino, centeno, trébol, alfalfa, etc. Dentro de los abonos verdes se debe destacar el raps (Brassica napus), que al ser incorporado libera glucosinolatos, compuestos naturales que sirven para fumigar el suelo (Aballay e Insunza, 2002).
Como se señaló anteriormente y considerando el análisis químico del suelo, se deben incorporar en el camellón todos los insumos necesarios (Figura 2), los que deben ser de baja solubilidad con el fin de evitar cambios drásticos en las condiciones que favorecen el crecimiento y desarrollo de la micro y macrofauna del suelo, tales como pH y conductividad eléctrica. Los insumos mayormente utilizados con buenos resultados son roca fosfórica, cal, azufre, harina de sangre, guano rojo, entre otros.

En ensayos de frambuesa variedad Heritage de 3 años en la localidad de Coihueco (Región del Biobío), se obtuvo 40% de aumento de rendimiento con el uso de guano rojo como suplemento a las 10 t/ha año de compost que tuvieron todos los tratamientos. En dicho ensayo sobre suelo franco, se aplicaron 850 kg/ha de guano rojo previo a la floración y luego de terminada la primera cosecha otros 430 kg/ha. Durante el desarrollo vegetativo, al inicio del cultivo en primavera y luego en verano, es recomendable realizar una o dos aplicaciones parciales de nitrógeno con guano rojo, harina de sangre u otros insumos similares. En el caso de las variedades remontantes de frambuesa y los cultivos de arándano, mora híbrida, goldenberry, zarzaparrilla, y murtilla, durante la floración se debe considerar la aplicación de suplementos foliares con calcio y boro para mejorar la cuaja y calidad de la fruta (Hirzel, 2009).

El análisis foliar es una herramienta de diagnóstico nutricional muy apropiada para huertos que presenten problemas de calidad o rendimiento, coloraciones, y tamaños y formas anormales en la fruta (Hirzel, 2009). Esta práctica se recomienda durante el mes de enero para todos los berries, lo que permite chequear el equilibrio nutricional del cultivo y corregir deficiencias, ya que al finalizar la cosecha el cultivo comienza el almacenamiento de nutrientes para la próxima temporada, siendo fundamental el apoyo nutricional, especialmente en la segunda quincena de febrero, para asegurar la madurez de las maderas y yemas del año. Fertilizaciones tardías o exceso de fertilización provocan crecimiento más allá de la temporada de receso invernal, por lo que no es poco común observar daño de heladas en las ramillas.

En otoño es recomendable establecer cultivos de cobertura entre las hileras de plantación, generalmente se usan plantas forrajeras, pero de preferencia, como se dijo anteriormente, mezclas de leguminosas con gramíneas. Las cubiertas entre hileras entregan muchos beneficios, entre los cuales se destacan el aporte de materia orgánica y nutrientes al cultivo, disminuyen las poblaciones de malezas de difícil control que compiten por agua y nutrientes con el cultivo principal, reducen las pérdidas de suelo causadas por la erosión, y contribuyen a mejorar la infiltración de agua; siempre y cuando éstas se mantengan activas, especialmente durante el otoño e invierno cuando el suelo recibe gran parte de las precipitaciones (Céspedes et al., 2005).

En las Regiones del Maule y Biobío, se han probado con éxito las mezclas para secano Mediterráneo 600 para suelos arcillosos y Mediterráneo 700 para suelos francos. Además, es importante señalar que en estudios realizados por INIA, se demostró que existe una transferencia de nitrógeno desde las cubiertas vegetales de trébol blanco o trébol blanco con festuca a las plantas de frambuesa. La transferencia de N desde la leguminosa ocurre principalmente a través de la descomposición de sus residuos; así, del total de N contenido en las hojas de la planta de frambuesa al segundo año se logra entre 10 y 35% de aporte de la cubierta de trébol blanco al cultivo principal (Céspedes et al., 2005). CO
Continuará….

 

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