Cultura Orgánica
30 de marzo del 2015
México
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La chía, un cultivo muy rentable
Recientemente, la industria nutracéutica (alimentos que previenen enfermedades) ha redescubierto a ...
La semilla azteca germina en la Península y se va a EE.UU.
Cuando había una buena cosecha, los mayas cogían las semillas de chía y las presentaban ante sus ...
La semilla de salvia hispana o chía, otro superalimento
Dada la exigencia de rendimiento tanto físico, como mental en arduas jornadas de trabajo en estos t...
Los beneficios de la semilla de chia para una buena salud
¿Cuáles son los beneficios de las semillas de chía? La chía posee muchos y grandes beneficios...
Cierra México actividades del Año Internacional de la Agricultura Familiar
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La chía, un cultivo muy rentable
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Recientemente, la industria nutracéutica (alimentos que previenen enfermedades) ha redescubierto a la chía como una importante fuente de ácidos grasos omega 3, proteínas y fibra dietética, en proporciones mucho más favorables que lo encontrado en pescados de agua fría (salmón, arenque, sardina y atún), así como en otros vegetales como la linaza, las nueces y almendras. La chía (salvia hispanica) es una planta antigua, cuya semilla sustentaba la dieta s...
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Cuando había una buena cosecha, los mayas cogían las semillas de chía y las presentaban ante sus dioses como una ofrenda. Los aztecas, en cambio, las usaban para preparados medicinales y nutricionales. Esta oleaginosa, base alimenticia de estas culturas de América central, ha comenzado a cultivarse con resultados alentadores en tierras peninsulares y surge como una nueva alternativa de exportación. Las flores violetas de esta planta, que alberga una peque...
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La semilla de salvia hispana o chía, otro superalimento
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Dada la exigencia de rendimiento tanto físico, como mental en arduas jornadas de trabajo en estos tiempos, además del escaso tiempo para alimentarse bien y la oferta de comida rápida, se contribuye al deterioro de la salud, además de la falta de energía y el sobrepeso. Ante esto, regresamos la mirada hacia la naturaleza, que siempre ha dotado de alimentos con bondades, como la salvia hispana o chía. El consumo y bondades de esta semilla ya eran conocidas por ...
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Los beneficios de la semilla de chia para una buena salud
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¿Cuáles son los beneficios de las semillas de chía? La chía posee muchos y grandes beneficios para la salud de los seres humanos, y se refiere a menudo como un “súper alimento”. Desde el niño que crece con el adulto mayor, la chia apoya optimizando la función corporal a través de todas las etapas de la vida. Como una fuente de nutrientes totalmente natural, la chia permite una más rápida asimilación y absorción en el cuerpo que los suplementos pro...

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Cierra México actividades del Año Internacional de la Agricultura Familiar

• FAO, SEDEREC y la Red Mexicana de Agricultura Familiar y Campesina organizan la primera Feria de Agricultura Familiar en la Ciudad de México El pasado 20 y 21 de diciembre en la alameda del Kiosco Morisco de Santa María la Ribera, se llevó a cabo la Feria de Agricultura Familiar y Campesina de México para concluir las actividades por la celebración del Año Internacional de la Agricultura Familiar 2014. Con la participación de más de 120 productores, organizaciones civiles e instituciones se realizó la primera Feria que fue impulsada por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades del Gobierno del Distrito Federal (SEDEREC) y la Red Mexicana de Agricultura Familiar y Campesina, como cierre de las actividades del Año Internacional de la Agricultura Familiar en el país. En el marco de la inauguración de esta Feria, el titular de SEDEREC, Hegel Cortés Miranda, destacó que la Ciudad de México concentra a cerca de 30 mil personas dedicadas a la producción agrícola, cuyos principales cultivos son nopal, verdura, avena forrajera, amaranto, maíz o productos ornamentales. Agregó que el Gobierno de la Ciudad de México trabaja en el desarrollo de un esquema de compras públicas para adquirir, en 2015,por lo menos el 30% de la producción de los agricultores familiares del DF con el fin de impulsar su desarrollo económico. Por su parte, Eduardo Benítez, Representante Adjunto de la FAO en México reconoció la conformación de la Red Mexicana de Agricultura Familiar y Campesina y el trabajo que diversas instancias públicas en el país, de los tres niveles de gobierno, han realizado este año para impulsar la agricultura familiar Sin embargo, enfatizó, es necesario trascender al Año Internacional de la Agricultura Familiar y seguir impulsando acciones que fortalezcan a este sector que representa cerca del 70% de los productores de alimentos en el país. “Las y los agricultores familiares requieren mayor acceso a los mercados, a fuentes de financiamiento, a bienes y servicios públicos y al conocimiento generado en la investigación”, señaló el Representante Adjunto de la FAO en México. Asimismo, la diputada local Angelina Hernández exhortó a los gobiernos local y federal a trabajar a favor del campo y fortalecer el presupuesto para el campo y la agricultura familiar y recordó que la a Asamblea Legislativa ha impulsado la ley para el seguro agrícola para los productores del Distrito Federal y trabaja en el desarrollo de una iniciativa que fortalezca el desarrollo económico de los productores del DF. La Feria de Agricultura Familiar representó un espacio de comercialización para los pequeños productores de la capital y de distintos estados como Puebla, Chiapas, Michoacán y Jalisco entre otros. La Red Mexicana de Agricultura Familiar y Campesina Con el propósito de impulsar la agricultura familiar en el país y reconocer la importante contribución que realiza este sector para la seguridad alimentaria del país, en noviembre de 2013 se presentó la Red Mexicana de Agricultura Familiar y Campesina, que hoy en día reúne a más de 120 organizaciones civiles, productores instancias gubernamentales, organismos internacionales, académicos y organizaciones no gubernamentales del país. Durante su primer año de trabajo, la Red trabajó en tres ejes principales: incidencia política, comunicación y sensibilización de la sociedad y fortalecimiento de capacidades. Para 2015, la Red ha identificado cinco objetivos principales que guiarán sus acciones: incidir en políticas diferenciadas por tipo de productor, producto y región; impulsar la vinculación de la academia y el sector productivo; sensibilización; impulsar esquemas de comercialización, y fortalecer los modelos de trabajo territorial. CO Jorge Alberto Rojano Moreno info@culturaorganica.com http://aiaf2014mexico.blogspot.mx

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La chía, un cultivo muy rentable

Recientemente, la industria nutracéutica (alimentos que previenen enfermedades) ha redescubierto a la chía como una importante fuente de ácidos grasos omega 3, proteínas y fibra dietética, en proporciones mucho más favorables que lo encontrado en pescados de agua fría (salmón, arenque, sardina y atún), así como en otros vegetales como la linaza, las nueces y almendras. La chía (salvia hispanica) es una planta antigua, cuya semilla sustentaba la dieta sana de la cultura prehispánica en México. La chía, junto con los nopalitos, las tunas, el amaranto y los huauzontles aún prevalecen en los hogares rurales de México. Sin embargo, hoy en día encontramos empresas basadas en estos productos en otros países que se han llevado semillas y buena parte del conocimiento nacional y están logrando mejorar los ingresos en sus zonas rurales. Hablando de la chía, encontramos empresas cooperativas de productores centradas en su cultivo e industrialización en Australia, Bolivia y Argentina; donde desde hace 10 años han desarrollado la red de valor de chía y actualmente ofertan semillas seleccionadas, aceite, harina, fibra y cápsulas de aceite de chía. Mientras tanto, en nuestro país, uno de los centros de origen de la chía, apenas hace cinco años se retomó el cultivo en los municipios de Acatic, Cuquío y Zapotlanejo, en Jalisco, donde actualmente se obtiene 99% de la producción nacional, misma que en el 2011 llegó a 3,449 toneladas cosechadas en 2,720 hectáreas. En Jalisco, se tienen registradas varias empresas, algunas en asociación con productores agrícolas, que procesan y exportan la semilla de chía y sus derivados, principalmente, hacia Estados Unidos, donde están logrando una demanda creciente. La planta tolera muy bien la sequía y suelos con baja o mediana fertilidad. Con precipitaciones apenas superiores a los 450 mm, sembrando 4 kilogramos de semilla por hectárea y dosis de fertilización de 70 kilogramos de nitrógeno y 46 de fósforo, se logran rendimientos de 1.2 ton/ha de semilla de chía. El precio medio rural es de 20,000 pesos por tonelada y el costo de producción está alrededor de 10,200 pesos permitiendo una utilidad de 13,818 pesos por hectárea, lo cual es muy superior a lo que se obtiene con maíz o sorgo de temporal. Esta utilidad puede incrementarse mediante la aplicación de labranza mínima, que implica el ahorro del orden de 2,500 pesos al no incluir labores como el barbecho y rastreo. Por todo lo anterior, el cultivo de chía es una alternativa rentable que puede mejorar los ingresos de agricultores en zonas de temporal.
 *Mario Alberto Lamas Nolasco es especialista de la Subdirección de Evaluación Sectorial. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. Autor: Mario Alberto Lamas Nolasco malamas@fira.gob.mx.

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La semilla azteca germina en la Península y se va a EE.UU.

Cuando había una buena cosecha, los mayas cogían las semillas de chía y las presentaban ante sus dioses como una ofrenda. Los aztecas, en cambio, las usaban para preparados medicinales y nutricionales. Esta oleaginosa, base alimenticia de estas culturas de América central, ha comenzado a cultivarse con resultados alentadores en tierras peninsulares y surge como una nueva alternativa de exportación. Las flores violetas de esta planta, que alberga una pequeña espiga de la que se extraen las semillas, crecen a 10 minutos de la comuna El Azúcar. Allí, cerca de la represa, Luis Echeverría, un productor que se dedicaba a cultivos de ciclo corto, empezó un emprendimiento ligado a esta semilla ovalada, que tiene una tonalidad marrón oscuro y un tamaño parecido al ajonjolí. Comenzó con pequeños ensayos hace cinco años y ahora su chía se envía a Estados Unidos. El 95% de la producción que recoge en su plantación de 150 hectáreas se va a ese mercado para ser usado como complemento alimenticio o ingrediente en la industria farmacéutica y cosmética. Originaria de México, la chía es un grano con una creciente demanda en el mercado internacional por ser una de las mayores fuentes vegetales de ácidos grasos como el omega 3, minerales y fibras. Argentina, Paraguay y países centroamericanos venden la chía, a la que se le atribuyen varios beneficios: reducción del colesterol, mejora de la memoria, baja de peso y otros. Echeverría se ha enfocado en la chía orgánica, cultivada sin químicos. Esta tiene una mejor paga y la tonelada puede costar de $ 6.000 a $ 7.000. En la Península, la chía orgánica ha conseguido un rendimiento de media tonelada por hectárea, un nivel que se considera aceptable. En otros países, donde se siembra de manera convencional, puede conseguirse una tonelada. En los últimos tres años se han exportado desde Santa Elena 368 toneladas de chía, según datos de Agrocalidad. Mario Chiquito, coordinador de esa dependencia en Santa Elena, cuenta que la chía es uno de los rubros agrícolas orgánicos que se han logrado exportar desde esa provincia. De hecho, personal de la FDA (Food and Drug Administration) de EE.UU. llegará este mes para hacer inspecciones en las plantaciones de chía. La revisión servirá para avalar las prácticas que se ejecutan en el cultivo, explica Echeverría, quien ha realizado inversiones para expandir las instalaciones donde seca y selecciona las semillas. A más de la Península, también hay cultivos en Los Ríos e Imbabura. Se estima que en estas tres provincias existe una superficie plantada de 500 hectáreas, según un estudio de Pro Ecuador. El ente promotor de las exportaciones refiere que este cultivo representa oportunidades de negocios, ya que “no se requiere de muchos sistemas complejos de producción” y otros países la han aprovechado como oferta exportable. Comprador Mercado en auge Toneladas Estados Unidos es uno de los principales compradores de chía. Según Pro Ecuador, la oficina de promoción de exportaciones, ese país importó 55.921 toneladas en el 2013. De ese monto, Ecuador envió 398 t. http://www.eluniverso.com

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Efecto de la fertilización orgánica en el cultivo de la cebolla

En suelos Franco arcillosos, clasificados como Haplocambids, en el municipio Federación, del estado Falcon, se evaluaron sobre el cultivo de cebolla cv. Texas Grano 438, 5 fuentes alternativas de fertilizantes orgánicos a razón de 30 t ha-1 de: bagazo de caña (bc), pulpa de café (pc), estiércolcaprino (ec), estiércol bovino (eb), gallinaza (g), conjuntamente con la fertilización química; que consistió en 160 kg ha-1 de nitrato de amonio, 120 kg ha-1 de fosfopoder y 230 kg ha-1 de K(NO3)2. Se usó un diseño experimental en bloques al azar, con 6 tratamientos y 3 epeticiones. Cada tratamiento constó de 6 surcos, separados 0,60 cm por 1,50 m de largo. A los 86 d, se midieron las variables: altura de plantas (ap), número de hojas, (nh), número y peso promedio de bulbos (pb) y diámetro de bulbo (db); y a los 116 d, la productividad, a través del número de plantas, producción, peso promedio del bulbo y rendimiento (r). El ec promovió mayor ap y el mayor grosor del bulbo, así como el mayor nh, encontrándose diferencias significativas (P£0,05); el mayor r se alcanzó con la aplicación de bc (30,08 t ha-1), seguido por el eb y la pc, con 29,26 y 28,38 kg ha-1, respectivamente. En cuanto a las variables de productividad no se encontró diferencias estadísticas para ninguna de las variables. En todos los casos el menor promedio correspondió al testigo, por lo que se recomienda continuar los ensayos incluyendo el análisis de las propiedades químicas del suelo El volumen de producción mundial de la cebolla, Allium cepa L., alcanza los 28 millones de toneladas anuales, en 2,5 millones de ha; en América del Sur destaca la producción de Brazil con 70.000 ha, Argentina con 16.000 ha, Colombia con 11,000 ha y Chile con 9 000 ha (Pathak, 1994; FAO, 1993), en Venezuela es la hortaliza que ocupa el segundo lugar en área sembrada con 9 880 ha para el 2003 (FEDEAGRO, 2005). En general, la producción del rubro en los países desarrollados se realiza con alta tecnología, referido a los sistemas de riego por goteo y materiales genéticos utilizados; sin embargo, en los trópicos se requiere de mucha investigación referida a: conservación y evaluación de recursos genéticos, cruzamientos para los requerimientos en los trópicos, tecnologías de producción de semillas, estudios agronómicos (Viloria et al., 2003), estudios de plagas y enfermedades en relación al clima, el acondicionamiento fisiológico de la semilla (Caseiro y Filho, 2005) sobre la respuesta ambiental de diferentes tipos de cebollas de días cortos, vernalización (Reghin et al., 2005), efectos de la temperatura, cosecha y poscosecha (Currah y Proctor, 1994; Pathak, 1994). La agricultura de los últimos años en Venezuela se ha caracterizado por la introducción de factores de producción diversos, ajenos a los agroecosistemas, es por eso que se encuentra una alta incorporación de fertilizantes químicos, herbicidas, insecticidas, con el consecuente incremento de los costos de producción; de allí que exista la necesidad de hacer más eficiente el uso de estos insumos para obtener mayor rentabilidad de los cultivos. De manera general, la producción agrícola se realiza de forma intensiva, con grandes aplicaciones de agroquímicos lo cual pone en riesgo la salud del productor, de la familia, que en muchos casos vive dentro de la unidad de producción y colabora con las labores de campo, así como también del consumidor. La sociedad cada vez está más interesada en reducir el daño al ambiente causado por las actividades agrícolas, sobre todo con respecto a riesgos de salud que son el resultado del uso desmedido de agroquímicos. La agricultura convencional empezó a ser cuestionada, y en el campo agrícola se están produciendo cambios, que reviertan el deterioro y los efectos dañinos de los pesticidas en general (Van Bruggen, 1995 citado por Bettiol et al., 2004). Velasco et al. (2001) resalta la importancia de implementar técnicas de producción agrícola enfocadas al uso eficiente de los recursos que tiende hacia una agricultura sostenible. En este sentido, la aplicación de abonos orgánicos, son alternativas que pueden emplearse en la producción agrícola. Se han desarrollado muchos sistemas de producción alternativos, estableciéndose y entre ellos, la agricultura orgánica, la certificación en muchos países. La agricultura orgánica es caracterizada por la ausencia de fertilizantes sintéticos y pesticidas, además de la utilización frecuente de fuentes de materia orgánica para mantener la fertilidad de la tierra (Van Bruggen, 1995 citado por Bettiol et al., 2004). Es reconocida la importancia y la necesidad de la agricultura orgánica en hortalizas de hojas, en las cuales se demostró la compensación de las pérdidas de nutrimentos ocurridas durante su cultivo (Kimoto, 1993); en repollo (Silva, 1984), así como también en alfalfa (Vigidal, 1997), se han demostrado incrementos de la producción cuando estas fueron fertilizadas apenas con estiércol bovino. En tal sentido el objetivo de este trabajo fue evaluar la aplicación de 5 fuentes orgánicas sobre el crecimiento y los componentes del rendimiento de cebolla, cultivar Texas Grano 438. El estudio se realizó en el municipio Federación el cual se encuentra en el centro sur del estado Falcón. La capital es Churuguara, ubicada a 936 m.s.n.m. Comprende un conjunto de sabanas colinosas en las zonas más altas (unidad agro ecológica 2D1), clasificada como bosque seco premontano (Ewel et al., 1976). Se presentan suelos Franco-arcillosos, clasificados como Haplocambids. Mientras que las áreas más bajas, son característicos de climas semiáridos, con vegetación xerófita; caracterizada por 9 meses secos, y 3 meses húmedos, con temperatura anual mínima 28,5 °C, máxima 32,5 °C; y la precipitación promedio anual entre 550 mm y 1.100 mm. La ubicación geográfica es de 10°20’5” latitud norte y 69°31’33” longitud oeste. MATERIAL GENÉTICO USADO El material genético usado en la siembra fue la variedad Texas Grano 438, que es un material de días cortos, de ciclo tardío, 110-120 días después del transplante (DDT). De bulbos redondos y amarillos, el cual ha mostrado una buena adaptación climática, sobre todo en transplantes de comienzo de año. También es un material con resistencia a Fusarium y raíz rosada. MANEJO AGRONÓMICO El suelo se preparó con un pase de arado, 3 de rastra y se construyeron serpentines con surcos de 1,50 m de largo espaciados a 0,60 m la siembra fue manual transplantándose las plantas a una distancia de 10 cm y el riego por surcos cada 2 d. El análisis de suelo mostró una textura franco arcillosa, con niveles de P, muy bajos; K, medio; Ca, alto; M.O., medio y C.E. baja. Se usó una fertilización básica de 160 kg ha-1 de nitrato de amonio, 120 kg ha-1 de fosfopoder y 230 kg ha-1 de K(NO3)2. El P se aplicó todo en presiembra, el N fraccionado 50 kg ha-1 a los 12 DDT; 50 kg ha-1 a los 30 DDT y 60 kg ha-1 a los 60 DDT, de igual manera el K se fraccionó en 60, 60 y 110 kg ha-1 a los 12, 30 y 60 DDT, respectivamente. TRATAMIENTOS Los tratamientos (5) consistieron en la aplicación de 30 000 kg ha-1 de cada una de las fuentes orgánicas (Cuadro 1), y un testigo, al cual no se le aplicó ninguna fertilización; la aplicación de las fuentes orgánicas se realizó 8 meses antes del transplante. El análisis de cada fuente señaló los siguientes valores de macro y micronutrimentos: VARIABLES EVALUADAS a) Altura de plantas (ap): se midió desde la zona de unión de la base de las hojas (cuello) hasta el ápice de la rama más larga a los 86 DDT, sobre 3 plantas tomadas al azar y marcadas previamente. Los resultados se expresaron en centímetros. b) Número de hojas (nh): se procedió a contar la cantidad de hojas emitidas por planta. Las evaluaciones se realizaron a los 86 DDT. c) Peso promedio de bulbos (pb): al momento de la cosecha (116 DDT) se contaron y pesaron los bulbos para obtener el peso total cosechado por tratamiento y el peso promedio de bulbos. Los resultados se expresaron en kilogramos y gramos. d) Diámetro de bulbo (db): fue medido, al momento de la cosecha, con un vernier el diámetro correspondiente a la parte del bulbo más ensanchada o la zona del ecuador; esta medición se hizo a los 116 d. Los resultados se expresaron en centímetros. e) Producción (p): se obtuvo pesando el número total de los bulbos cosechados por tratamiento. El resultado se expresó. f) Rendimiento(r): con el pb, el número de plantas por ha, el número de bulbos totales, se calcularon los r finales por tratamientos. Los resultados se expresaron en kg ha-1. De tal manera que, según la dosis aplicada, el aporte por hectárea de cada una de las fuentes orgánicas. DISEÑO ESTADISTICO Se usó un diseño experimental en bloques al azar, con 6 tratamientos y 3 repeticiones, resultando 18 unidades experimentales en total. Cada tratamiento constó de 6 surcos, separados 0,60 cm por 1,50 m de largo; sembrados en serpentín. Los resultados se analizaron por el programa estadístico InfoStat, realizando los ANAVAS correspondientes y aplicando la prueba de separación de medias de Duncan a las variables estadísticamente diferentes al valor de significancia de 5%. RESULTADOS Y DISCUSIÓN En el Cuadro 3 se muestra el efecto de los tratamientos sobre las variables de crecimiento y desarrollo, encontrándose diferencias significativas para estas variables. La mayor altura se registró con el ec, con 71,74 cm. De la misma manera, para la variable nh con este tratamiento se registró el mayor promedio de 8,07. En ambos casos el menor promedio se encontró en el testigo. Con relación al db, se encontraron diferencias significativas resultando los mayores promedios a los tratamientos eb y ec con valores que oscilaron entre 5,59 y 5,31 cm, respectivamente, el testigo resultó con el menor promedio (4,55 cm) seguido por la g, con 4,86 cm. Cuando se analizó el efecto individual de la fertilización orgánica vs., la fertilización mineral sobre las variables de crecimiento, se observa que se encontraron diferencia significativas para las variables nh y db (Cuadro 4). Con relación al nh y db, el mayor promedio se registró con el tratamiento orgánico 7,68, 5,33 cm, respectivamente; esto indica que existe un efecto aditivo positivo de las fuentes orgánicas sobre estas variables, ya que el efecto de la fertilización mineral esta bien documentado, sobre los componentes del rendimiento. El Cuadro 5 muestra el efecto de la aplicación de fertilizantes orgánicos sobre el número de plantas, peso pb (g), producción (kg) y rendimiento (kg ha-1). Aún cuando no se encontraron diferencias estadísticamente significativas, se observa que con el eb, se registró el mayor número de plantas a cosecha con 183,0 y el menor promedio con el tratamiento pc, con 169,0. Con relación al pb, el bc, mostró el mayor promedio con 128,31 g, seguido por el testigo y el eb con 117,96 y 117,02 g, respectivamente y el menor valor con la g (106,90). La mayor producción se registró en el tratamiento bc con 22 300,0 kg, seguido por el eb con 21,160,0 kg y el testigo con 20,480,0 kg; los demás tratamientos mostraron valores de 18,960,0; 18,620,0 y 18,520,0 kg (pc, ec y g, respectivamente). De la misma manera, el mayor pb así como de r se encontró con el bc (30,08 t ha-1), seguido por el eb y la pc, con 29,26 y 28,38 kg ha-1, respectivamente. La g mostró el menor valor con 26,72 kg ha-1. Figueroa et al. (2001) en un estudio de fertirrigación de cebolla con 12 tratamientos de N-P-K, observaron que aún cuando no hubo diferencias significativas, sino sólo en el peso de las hojas, los mejores rendimientos resultaron de los niveles más altos de N (120 kg ha-1) con el más bajo de fósforo (20 kg ha-1), independientemente de la cantidad de K. De la misma manera, en este ensayo tampoco se encontraron diferencias significativas en el r, pero, si en el db y en el nh y el mayor r se obtuvo con el bagazo de caña que fue la fuente que presentó mayor cantidad de N y menor de P. No se encontraron diferencias significativas de la fertilización orgánica, con relación a la productividad y el rendimiento, lo cual estuvo influenciado por el contenido inicial de materia orgánica del suelo y por lo corto del ciclo de producción de la cebolla, no hubo tiempo suficiente para que los minerales estuvieran totalmente disponibles, aún cuando las fuentes estaban bien descompuestas. En tal sentido, Barber et al. (1992), en un estudio para evaluar el efecto de los abonos orgánicos (estiércol bovino, caprino, gallinaza y compost) sobre las propiedades físicas y químicas del suelo sembrado con maíz, señalaron que los estiércoles se mineralizan en 70% a partir del primer año de aplicación y con efecto residual en el suelo hasta por 2 años y el resto se transforma en humus, que se incorpora al suelo y produce un efecto benéfico en la estructura del suelo durante el primer año. Por el contrario en hortalizas de hojas, específicamente cilantro, Oliveira et al. (2002) evaluando diferentes dosis de estiércol bovino con y sin fertilización mineral señalan que cuando se aplicó el fertilizante mineral conjuntamente con el orgánico fue mayor el rendimiento en masa verde que cuando no se aplicó la fertilización mineral. En este trabajo, el estiércol bovino, después del bagazo de caña fue el que registró mayor rendimiento, lo cual pudiera ser atribuidos al hecho de que cantidades adecuadas de estiércol de buena calidad son capaces de suplir las necesidades de las plantas de macronutrimentos, debido a los elevados tenores de N, P y K disponibles tal como lo señala Machado et al. (1983). La cebolla crece bien en suelos francos con pH entre 6 y 7,5 siendo muy exigente en fósforo (Benacchio, 1982). Se señala que el fosfato es crítico durante la etapa inicial de crecimiento y después de la emergencia de las primeras hojas verdaderas, como promotor de un adecuado desarrollo radical (Chandler, 1994). Como se dijo, en este estudio los niveles de P en el suelo eran bajos, pero las fuentes evaluadas contenían niveles altos para lo requerido por el cultivo, según lo presentado por Jones et al. (1991). Con relación al bagazo de caña, Uribe et al. (2004) aplicando compost a base de caña y pulpa de café así como también un biofertilizante en el cultivo de cebolla y zanahoria en Pueblo Rico, Colombia, para determinar el efecto sobre la población microbiana edáfica y su relación con el desarrollo del cultivo, al analizar la producción señalaron que la aplicación de compost de caña y café así como el biofertilizante al suelo, produjo un aumento estadísticamente significativo de la productividad de ambos cultivos y variaciones significativas en la abundancia y diversidad de los microorganismos, así como en la variación de las poblaciones de los grupos funcionales evaluados, especialmente en el grupo de los actinomicetos. Resultados similares mostraron Arjona et al. (2004) quienes evaluaron el efecto de aplicaciones de urea, melaza y aminoácidos al follaje y al suelo en dosis convencionales y en todas sus posibles combinaciones, sobre el crecimiento y el rendimiento del cultivo de la cebolla de bulbo en la Sabana de Bogotá, señalaron que ningún producto o combinación de productos presentó un mejor comportamiento agronómico que el testigo absoluto para las variables evaluadas. No obstante, señalaron que el uso de melaza, en dosis convencionales, puede incrementar los rendimientos, aunque no fue demostrado en su estudio, sugieren que podría ser objeto de estudios posteriores ya que aunque no hubo respuesta de ninguno de estos productos con respecto al testigo, pero si se observaron efectos individuales de los productos, en las distintas combinaciones. Con relación al estiércol bovino, se han señalado resultados similares así, Goncalves et al. (2004), evaluaron entre otras sustancias naturales, un biofertilizante anaeróbico (compuesto por 20 kg de estiércol bovino en 40 l de agua el cual se fermentó por 5 días adicionando luego otras fuentes de nutrimentos minerales) y otro aeróbico (igual al anterior, pero fermentándolo con 1,5 kg de azúcar) para el control de trips en cebolla y además determinaron productividad y peso fresco del bulbo, indicando que no hubo diferencias con relación al control en estas variables. Otras investigaciones señalan resultados similares en otras hortalizas, por ejemplo se ha observado que la aplicación de estiércol bovino, con una dosis mínima de fertilización mineral incrementó la ap de cilantro y el número de ramas fue mayor en ausencia de fertilización mineral en el orden de 3 ramas por cada kg de estiércol aplicado al suelo (Oliveira et al., 2002). De la misma manera, Kristaponyte (2005) en un estudio para establecer la productividad de la rotación de cultivos, el balance de nutrimentos y la variación agroquímica de las propiedades de un suelo estableció 5 tipos de rotación de cultivo e investigó los sistemas de fertilización mineral, orgánica y mineral-orgánica. Encontrando que la aplicación de 80 t ha-1 de estiércol de corral resultó, comparado con el sistema de fertilización mineral, en un incremento en el contenido de humus en la capa arable. En el sistema de fertilización orgánica-mineral la aplicación de 40, 60 y 80 t ha-1 de estiércol de corral y NPK mineral en la misma cantidad resultó en un incremento en el contenido de humus de 0,18; 0,24 y 0,21%, el contenido de fósforo en 41,0; 61,0 y 41,0 mg kg-1 y el contenido de potasio en 36,0; 46,0 y 54,0 mg kg-1, respectivamente, comparado con la fertilización mineral. CONCLUSIONES - La aplicación de estiércol caprino, mostró tener influencia sobre las variables de crecimiento, aún cuando no se encontró diferencias significativas en algunos de los casos. El eb y el bc promovieron los componentes del rendimiento, lo cual pudiera estar ligado al hecho de que cantidades adecuadas de estiércol de buena calidad, son capaces de suplir las necesidades de las plantas de macronutrimentos, debido a los elevados tenores de N, P y K disponibles. - Aún cuando no se encontraron diferencias estadísticamente significativas, se observa que con el eb, se registró el mayor número de plantas a cosecha, y el menor promedio con el tratamiento pc. Con relación al pb, el bc, mostró tener influencia sobre esta variable; el testigo, eb, pc y la g mostraron tener muy poco efecto sobre este componente del rendimiento. Cuando se midieron los efectos individuales, el tratamiento orgánico superó de manera significativa al efecto mineral, en las variables ap, nh y db. CO.

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Campo Vivo fija su precio del mercado según el costo de producción

Campo Vivo fija su precio del mercado según el costo de producción “Campo Vivo nació de la convivencia de años con los productores dedicados a la agricultura orgánica. Una necesidad constante para la mayoría, era encontrar un canal de comercialización profesional y asegurar un pago justo por su producto en el mercado nacional una vez que contaban con su certificado de acreditación”,así inicia su entrevista con CULTURA ORGÁNICA, el Ing. Mateo Dornier ¿Cómo nace Campo vivo? En el 2007 se crea Campo Vivo para ofrecer a los consumidores mexicanos una canasta básica de productos orgánicos certificados en el mercado nacional. Campo Vivo es una asociación entre expertos de la producción, la distribución, el marketing y la venta de productos orgánicos. ¿Cuál es tu opinión sobre el sector orgánico en México? Es un sector en crecimiento con mucho potencial en el país. El nivel técnico alto de los agricultores hace de México un lugar de producción orgánica con mucho futuro. ¿Cómo aumentar el consumo de productos orgánicos mexicanos? Informando a los consumidores mexicanos, enseñándoles lo que caracteriza a un producto orgánico, por medio de qué procesos se elaboran y bajo qué estándares de calidad, los valores que vehicula tal como el comercio justo y el desarrollo sustentable, y su huella positiva en el medio ambiente, así como en la salud de los agricultores y los consumidores. ¿Cómo garantizan el abasto de sus productos durante todo el año? Realizamos calendarios de producción en función de las proyecciones de ventas. Estos calendarios se ajustan mensualmente conforme van evolucionando las ventas. Sin embargo, no todos nuestros productos tienen abasto todo el año, pues respetamos el ritmo de la naturaleza y la temporalidad de algunos de nuestros productos frescos como la mora azul y la zarzamora. ¿Por qué cátsup orgánica? Ofrecer una alternativa orgánica a un producto de consumo masivo en México, pero enfocado a brindar un sabor tradicional usando ingredientes orgánicos frescos y sin conservadores. ¿En qué beneficia Campo Vivo al productor orgánico mexicano? Campo Vivo basó su modelo de negocio en el comercio justo, es decir una justa retribución a sus socios agricultores. ¿Qué es la justa retribución? El precio de compra de Campo Vivo al productor no está fijado por el precio del mercado sino que se fija según el costo de producción. Establecemos con los productores la red de calendarios y volúmenes de cosecha para garantizar abasto a tiendas todo el año, a cambio del compromiso de adquirir la totalidad de las producciones. Creemos en las relaciones ganar-ganar. ¿Cuál ha sido su experiencia con Bioagricert como agencia certificadora? Siempre hemos tenido reactividad, profesionalismo y resultados con Bioagricert. ¿Cuáles han sido los principales obstáculos a los que se han enfrentado? La organización de la producción y el cumplimiento de las exigencias muy elevadas en cuanto a abasto, calidad y volumen de las cadenas de autoservicio en México. Gracias a nuestro profesionalismo y perseverancia, hoy tenemos presencia en más de 450 tiendas de autoservicio en la República. ¿Cuáles son sus principales retos para este 2014? Entablar las exportaciones de nuestros productos es uno de los retos más importantes de la marca para este año, incrementar nuestra presencia en tiendas de autoservicios y tiendas especializadas, y ampliar nuestra oferta en frescos como en abarrotes para poder ofrecer una canasta básica de productos orgánicos al consumidor. CO “Gracias a nuestro profesionalismo y perseverancia, hoy tenemos presencia en más de 450 tiendas de autoservicio en la República”. MATEO DORNIER Tras una infancia ligada al campo y la agricultura sustentable, y con el conocimiento del mercado mexicano, Mateo decide emprender en 2007 la creación de Campo Vivo, empresa que se ha establecido como líder en producción y distribución de productos orgánicos certificados en México, en donde ha establecido su propia filosofía de vida: “Solidaridad, Sustentabilidad y Calidad,” como guía de la empresa. Antes de emprender este sueño, Mateo, se desempeñó como Gerente de Calidad para Carrefour México, haciéndose cargo de la estrategia de desarrollo de los productos “Calidad Natural,” marca propia de la cadena de autoservicio. De esta manera, durante más de tres años, se desempeñó en negociaciones comerciales, en el establecimiento de las especificaciones técnicas, en la implementación y promoción de los productos en el punto de venta, elaborando todo tipo de productos entre los cuales: trucha, salmón, miel orgánica, pan y tortilla orgánicos… En sus inicios, colaboró para la cadena multinacional de distribuidores Grupo Casino, en la definición de estándares de calidad, la evolución y el desarrollo de nuevos productos para una marca propia del grupo “Terre et Saveur”, y además se hacía cargo de la definición de los canales de comunicación para la marca. Mateo, es Ingeniero Agrónomo, cuenta con una maestría en “Gestión y Tecnología en la Industria Alimentaria” en el ESAP (Escuela Superior de Agricultura de Toulouse), así como con una especialidad en “Política Agrícola y Calidad en la Industria Alimenticia”. Actualmente, es miembro de la Asociación Renacimiento, a fin de ayudar a los niños en situación de calle en México. Mateo, siempre se ha caracterizado por ayudar a sus semejantes, y al ser miembro de la Asociación, busca contribuir con parte de las ventas de los productos Campo Vivo.

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Biotecnología Agrícola: mitos, riesgos ambientales y alternativas

Hasta hace unas cuatro décadas, los rendimientos agrícolas en los Estados Unidos se basaban en los recursos internos, el reciclaje de la materia orgánica, mecanismos de control biológico y patrones de lluvias. Los rendimientos agrícolas eran modestos pero estables. La producción estaba salvaguardada porque en el campo se cultivaba más de un producto o variedad en el tiempo y el espacio, como un seguro contra la aparición de plagas o la severidad climática. El nitrógeno del suelo era restablecido por la rotación de los principales cultivos con leguminosas. Las rotaciones destruían insectos, malezas y enfermedades gracias a la ruptura efectiva de los ciclos de vida de estas plagas. Un típico agricultor de maíz sembraba maíz en rotación con diversos cultivos, como soya, y la producción de granos menores era intrínseca para mantener ganado en la finca. La mayor parte del trabajo lo hacía la familia, que era dueña de la finca, con ayuda externa ocasional. No se compraba equipo ni se usaban insumos externos (Altieri 1994; Audirac 1997). En el mundo en desarrollo, los pequeños agricultores impulsaron sistemas agrícolas aun más complejos y biodiversos, guiados por un conocimiento indígena que ha superado la prueba del tiempo (Thrupp, 1998). En este tipo de sistemas, la conexión entre agricultura y ecología era bastante fuerte y rara vez se evidenciaban signos de degradación ambiental. Pero conforme la modernización agrícola avanzó, la conexión ecología-sistema agrícola fue destruida, ya que los principios ecológicos fueron ignorados u omitidos. El lucro, y no las necesidades de la gente o la preocupación por el ambiente, determinó la producción agrícola. Los intereses de los agronegocios y las políticas prevalecientes favorecieron las grandes fincas, la producción especializada, el monocultivo y la mecanización. Hoy el monocultivo ha aumentado de manera drástica en todo el mundo, principalmente a través de la expansión geográfica anual de los terrenos dedicados a cultivos individuales. El monocultivo implicó la simplificación de la biodiversidad, dando como resultado final un ecosistema artificial que requiere constante intervención humana bajo la forma de insumos agroquímicos, los cuales, además de mejorar los rendimientos sólo temporalmente, dan como resultado altos costos ambientales y sociales no deseados. Conscientes de tales impactos, muchos científicos agrícolas han llegado al consenso general de que la agricultura moderna se enfrenta a una severa crisis ecológica (Conway y Pretty, 1991). La pérdida anual en rendimientos debida a plagas en muchos cultivos (que en la mayoría llega hasta el 30 por ciento), a pesar del aumento sustancial en el uso de pesticidas 147 (alrededor de 500 millones de kg de ingrediente activo en todo el mundo), es un síntoma de la crisis ambiental que afecta la agricultura. Las plantas cultivadas que crecen como monocultivos genéticamente homogéneos no poseen los mecanismos ecológicos de defensa necesarios para tolerar el impacto de las poblaciones epidémicas de plagas (Altieri, 1994). Cuando estos modelos agrícolas se exportaron a los países del Tercer Mundo a través de la llamada Revolución Verde, se exacerbaron aún más los problemas ambientales y sociales. La mayor parte de agricultores de escasos recursos de América Latina, Asia y Africa ganaron muy poco en este proceso de desarrollo y transferencia de tecnología de la Revolución Verde, porque las tecnologías propuestas no fueron neutras en cuanto a escala. Los agricultores con tierras más extensas y mejor mantenidas ganaron más, pero los agricultores con menores recursos que viven en ambientes marginales perdieron con mayor frecuencia y la disparidad de los ingresos se vio acentuada (Conway, 1997). El cambio tecnológico ha favorecido principalmente la producción y/o exportación de cultivos comerciales producidos, sobre todo, por el sector de las grandes fincas, con un impacto marginal en la productividad de los cultivos para la seguridad alimentaria, mayormente en manos del sector campesino (Pretty, 1995). En las áreas donde se realizó el cambio progresivo de una agricultura de subsistencia a otra de economía monetaria, se pusieron en evidencia gran cantidad de problemas ecológicos y sociales: pérdida de autosuficiencia alimentaria, erosión genética, pérdida de la biodiversidad y del conocimiento tradicional, e incremento de la pobreza rural (Conroy et al. 1996). Para sostener tales sistemas agro exportadores, muchos países en desarrollo se han convertido en importadores netos de insumos químicos y maquinaria agrícola, aumentando así los gastos gubernamentales y exacerbando la dependencia tecnológica. Por ejemplo, entre 1980 y 1984 América Latina importó cerca de US$430 millones en pesticidas y unas 6.5 millones de toneladas de fertilizantes (Nicholls y Altieri, 1997). Este uso masivo de agroquímicos condujo a una enorme crisis ambiental de proporciones sociales y económicas inmensurables. Lo irónico es el hecho de que los mismos intereses económicos que promovieron la primera ola de agricultura basada en agroquímicos están ahora celebrando y promoviendo la emergencia de la biotecnología como la más reciente varita mágica. La biotecnología, dicen, revolucionará la agricultura con productos basados en los métodos propios de la naturaleza, logrando una agricultura más amigable para el ambiente y más lucrativa para los agricultores, así como más saludable y nutritiva para los consumidores (Hobbelink, 1991). La lucha global por conquistar el mercado está conduciendo a las grandes corporaciones a producir plantas desarrolladas con ingeniería genética (cultivos transgénicos) en todo el mundo (más de 40 millones de hectáreas en 1999) sin las apropiadas pruebas previas de impacto sobre la salud humana y los ecosistemas, a corto y largo plazo. Esta expansión ha recibido el apoyo de acuerdos de comercialización y distribución realizados por 148 corporaciones y marketeros (por ejemplo Ciba Seeds con Growmark y Mycogen Plant Sciences con Cargill) debido a la falta de reglamentación en muchos países en desarrollo. Es Estados Unidos las políticas del Food and Drug Organization (FDA) y la Environmental Protection Agency (EPA) consideran a los cultivos modificados genéticamente "sustancialmente equivalentes" a los cultivos convencionales. Estas políticas han sido desarrolladas en el contexto de un marco regulador inadecuado y en algunos casos inexistentes. Las corporaciones de agroquímicos, las cuales controlan cada vez más la orientación y las metas de la innovación agrícola, sostienen que la ingeniería genética mejorará la sostenibilidad de la agricultura al resolver los muchos problemas que afectan a la agricultura convencional y librará al Tercer Mundo de la baja productividad, la pobreza y el hambre. Comparando mito y realidad, el objetivo de este libro es cuestionar las falsas promesas hechas por la industria de la ingeniería genética. Ellos han prometido que los cultivos producidos por ingeniería genética impulsarán la agricultura lejos de la dependencia en insumos químicos, aumentarán la productividad, disminuirán los costos de insumos y ayudarán a reducir los problemas ambientales (Oficina de Evaluación Tecnológica, 1992). Al cuestionar los mitos de la biotecnología, aquí se muestra a la ingeniería genética como lo que realmente es: otro enredo tecnológico o "varita mágica" destinado a entrampar los problemas ambientales de la agricultura (que son el producto de un enredo tecnológico previo) sin cuestionar las suposiciones defectuosas que ocasionaron los problemas la primera vez (Hindmarsh, 1991). La biotecnología promueve soluciones basadas en el uso de genes individuales para los problemas derivados de sistemas de monocultivo ecológicamente inestables diseñados sobre modelos industriales de eficiencia. Tal enfoque unilateral y reduccioncita ya ha probado que no es ecológicamente sólido en el caso de los pesticidas, enfoque que también adoptó un enfoque similar, usando el paradigma "un químico-una plaga" comparable al enfoque "un gen-una plaga" promovido por la biotecnología (Pimentel et al. 1992). La agricultura industrial moderna, hoy convertida en epítome por la biotecnología, se basa en una premisa filosófica que es fundamentalmente errónea y que necesita ser expuesta y criticada para avanzar hacia una agricultura verdaderamente sostenible. Esto es particularmente relevante en el caso de la biotecnología, donde la alianza de la ciencia reduccioncita y la industria multinacional monopolizadora llevan a la agricultura por un camino equivocado. La biotecnología percibe los problemas agrícolas como deficiencias genéticas de los organismos y trata a la naturaleza como una mercancía, y en el camino hace a los agricultores más dependientes de un sector de agronegocios que concentra cada vez más su poder sobre el sistema alimentario. LA BIOTECNOLOGÍA, EL HAMBRE EN EL MUNDO Y EL BIENESTAR DE LOS AGRICULTORES Poblaciones hambrientas en medio de la abundancia 149 Las compañías de biotecnología sostienen que los organismos genéticamente modificados (GMOs en inglés) -específicamente las semillas genéticamente alteradas- son hallazgos científicos necesarios para alimentar al mundo y reducir la pobreza en los países en desarrollo. La mayoría de las organizaciones internacionales encargadas de la política y la investigación para el mejoramiento de la seguridad alimentaria en el mundo en desarrollo hacen eco de este punto de vista. Este punto se basa en dos suposiciones críticas: que el hambre se debe a una brecha entre la producción de alimentos y la densidad de la población humana o la tasa de crecimiento; y que la ingeniería genética es la única o la mejor forma de incrementar la producción agrícola y por lo tanto cubrir las futuras necesidades de alimento. Un punto inicial para aclarar estas falsas concepciones es entender que no hay una relación entre la presencia del hambre en un país determinado y su población. Por cada nación hambrienta y densamente poblada como Bangladesh o Haití, hay un país escasamente poblado y hambriento como Brasil o Indonesia. El mundo hoy produce más alimentos por habitante que nunca antes. Hay suficiente alimento disponible para proveer 4,3 libras por persona cada día: 2,5 libras de granos, frijoles y nueces; alrededor de una libra de carne, leche y huevos y otra de frutas y verduras (Lappe et al. 1998). En 1999 se produjo suficiente cantidad de granos en el mundo para alimentar una población de ocho mil millones de personas (seis mil millones habitaron el planeta en el 2000), si estos se distribuyeran equitativamente o no se dieran como alimento a los animales. Siete de cada diez libras de granos se usan para alimentar animales en Estados Unidos. Países como Brasil, Paraguay, Tailandia e Indonesia dedican miles de acres de tierras agrícolas a la producción de soya y yuca para exportar a Europa como alimento del ganado. Canalizando un tercio de los granos producidos en el mundo hacia la población hambrienta y necesitada, el hambre terminaría instantáneamente (Lappe et al. 1998). El hambre también ha sido creado por la globalización, especialmente cuando los países en desarrollo adoptan las políticas de libre comercio recomendadas por agencias internacionales (reduciendo los aranceles y permitiendo el flujo de los productos de los países industrializados). La experiencia de Haití, uno de los países más pobres del mundo, es ilustrativa. En 1986 Haití importó sólo 7,000 toneladas de arroz, porque la mayor parte se producía en la isla. Cuando abrió su economía al mundo, los inundó un arroz más barato proveniente de los Estados Unidos, donde la industria del arroz es subsidiada. En 1996, Haití importó 196,000 toneladas de arroz foráneo al costo de US$ 100 millones anuales. La producción de arroz haitiano se volvió insignificante cuando se concretó la dependencia en el arroz extranjero. El hambre se incrementó (Aristide, 2000). Las causas reales del hambre son la pobreza, la desigualdad y la falta de acceso a los alimentos y a la tierra. Demasiada gente es muy pobre (alrededor de dos mil millones sobreviven con menos de un dólar al día) para comprar los alimentos disponibles (a menudo con una pobre distribución) o carecen de tierras y los recursos para sembrarla (Lappe et al. 1998). Porque la verdadera raíz del hambre es la desigualdad, cualquier 150 método diseñado para reforzar la producción de alimentos, pero que agudice esta desigualdad, fracasará en reducir el hambre. Por el contrario, sólo las tecnologías que tengan efectos positivos en la distribución de la riqueza, el ingreso y los activos, que estén a favor de los pobres, podrán en realidad reducir el hambre. Afortunadamente tales tecnologías existen y pueden agruparse bajo la disciplina de la agroecología, cuyo potencial es ampliamente demostrado y analizado más profundamente a lo largo de este libro (Altieri et al. 1998; Uphoff y Altieri, 1999). Atacando la desigualdad por medio de reformas agrarias se mantiene la promesa de un aumento de la productividad que sobrepasa el potencial de la biotecnología agrícola. Mientras que los defensores de la industria hacen una promesa de 15, 20 e incluso 30 por ciento de aumento de los rendimientos por la biotecnología, los pequeños agricultores producen hoy de 200 a 1,000 por ciento más por unidad de área que las grandes fincas a nivel mundial (Rosset,1999). Una estrategia clara para tomar ventaja de la productividad de las pequeñas fincas es impulsar reformas agrarias que reduzcan las grandes propiedades ineficientes e improductivas a un tamaño pequeño óptimo, y así proporcionar las bases para el incremento de la producción en fincas de pequeños agricultores, incrementos ante los cuales empalidecería la publicitada promesa productiva de la biotecnología. Es importante entender que la mayor parte de innovaciones en la biotecnología agrícola se orientan a las ganancias más que a las necesidades. El verdadero motor de la industria de la ingeniería genética no es hacer la agricultura más productiva, sino generar mayores ingresos (Busch et al. 1990). Esto se ilustra revisando las principales tecnologías del mercado de hoy: (1) cultivos resistentes a los herbicidas, tales como la Soya Ready Roundup de Monsanto, semillas que son tolerantes al herbicida Roundup de Monsanto, y (2) los cultivos Bt (Bacillus thuringiensis) que han sido desarrollados por ingeniería genética para producir su propio insecticida. En el primer caso, la meta es ganar más participación de mercado de los herbicidas para un producto exclusivo, y en el segundo, aumentar las ventas de semillas aun a costa de dañar la utilidad de un producto clave para el manejo de plagas (el insecticida microbiano a base de Bt) en el que confían muchos agricultores, incluyendo a la mayoría de agricultores de cultivos orgánicos, como una poderosa alternativa a los insecticidas. Estas tecnologías responden a la necesidad de las compañías de biotecnología de intensificar la dependencia de los agricultores en semillas protegidas por la llamada "propiedad intelectual" que entra en conflicto directamente con los antiguos derechos de los agricultores a reproducir, compartir o almacenar semillas (Fowler y Mooney 1990). Cada vez que pueden, las corporaciones obligan a los agricultores a comprar una marca de insumos de la compañía y les prohiben guardar o vender la semilla. Si los agricultores de los Estados Unidos adoptan soya transgénica, deben firmar un acuerdo con Monsanto. Si siembran soya transgénica al año siguiente, la multa es de unos $3,000 por acre, dependiendo del área. Esta multa puede costarle al agricultor su finca, su hogar. Controlando el germoplasma desde la producción de semillas hasta su venta y obligando a los agricultores a pagar precios inflados por paquetes de semillas-químicos, las 151 compañías están decididas a extraer el máximo beneficio de su inversión (Krimsky y Wrubel, 1996).

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